En
la zona que abarcaba del Cantábrico al Ebro, esto es, el extremo oriental
de la actual Cantabria, el extremo occidental vizcaíno (las Encartaciones),
el norte de Burgos y el occidente de Álava (limitado por la sierra
de Arcena y el Bayas), es decir, en lo que fue la antigua Autrigonia, y después
el ámbito de la diócesis de Valpuesta y el territorio primitivo
del condado de Castilla, se desarrolló una lengua que vino a ser el
embrionario romance castellano, una lengua que más tarde avanzó
hacia el sur con la reconquista y la repoblación, hasta la zona de
Burgos ciudad, donde adquirió personalidad, rasgos más innovadores
que el resto de los romances peninsulares, e incluso más innovadores
que los del antiguo castellano que había germinado más al norte,
y se convirtió en la lengua castellana que acompañó en
su expansión política y geográfica al condado y después
reino de Castilla.
La creación de la diócesis de Valpuesta
por el obispo Juan en el año 804 y bajo los auspicios de la monarquía
asturiana, está estrechamente vinculada al origen del castellano y
también al nacimiento del condado y más tarde reino de Castilla.
El condado primitivo, la Castella Vetula, se circunscribe en un primer momento
a esta zona norte de Burgos (partidos de Villarcayo, Sedano, Villadiego, Briviesca
y Miranda de Ebro, con frontera en Pancorbo), en el extremo este del reino
de Asturias, donde se está tratando de estabilizar y fortalecer la
frontera con los árabes. Al crearse la sede episcopal de Valpuesta,
la primera surgida en esta área tras iniciarse la reconquista, la Castella
Vetula, junto con el extremo oriental de Cantabria y el occidente de Vizcaya
y Álava pasan a ser territorios dependientes de dicha diócesis.
El espacio que nos ocupa, enmarcado entre el Cantábrico
y el Ebro, había estado ocupado en la época prerromana por la
Autrigonia, celta o al menos muy celtizada. Posteriormente, el entorno de
Valpuesta recibió una romanización tardía e irregular
a través de pequeños enclaves rurales, aunque quedó profunda
e uniformemente latinizado; fue cristianizado desde muy pronto (siglos V a
VIII, véanse los eremitorios de Pinedo, Quejo, Corro... cercanos a
Valpuesta), lo que ayudó a afianzar la latinización; tras la
invasión árabe, esta área fue repoblada muy pronto por
gentes hispano-godas del área del Duero, atraídas por el microclima
del valle de Valdegobía, que aportaron su cultura, fundamentalmente
latina. Por otra parte y a lo largo de todos esos avatares, este territorio
vivió en contacto con la zona vascófona, lo que parece influyó
decisivamente en la configuración de los rasgos específicos
del futuro castellano frente a los de otros romances (cinco vocales, pérdida
de F-...).
A través de los cartularios de Valpuesta (1),
el Gótico y el Galicano (copiado en 1236), documentos latinos o aparentemente
latinos referentes al citado monasterio y que abarcan textos fechados desde
el año 804 hasta el 1200, podemos obtener una serie de informaciones
sobre la variante lingüística romance hablada en la zona. Mediante
los rasgos romances salteados entre el texto latino, o aparentemente latino
si seguimos las teorías de R. Wright (2), nos podemos aproximar al
romance castellano hablado entre los siglos IX al XII, puesto que no tenemos
documentación de esa época plenamente redactada en castellano,
lo cual no sucederá hasta alrededor del 1200, momento en que ya tenemos
un documento totalmente romance en los cartularios de Valpuesta -como ocurre
también en otros puntos de la Península Ibérica-.
Algunos de los datos lingüísticos romances que se cuelan en los
textos de Valpuesta son, entre otros: a) la diptongación: pielle (PELLE),
fueros (FOROS), b) la pérdida de vocales átonas interiores:
Elcedo (<ELICETUM), fresno (<FRAXINUM), c) la sonorización de
las consonantes sordas intervocálicas latinas: Cabezas (<CAPITIA),
montadgo (<MONTATICUM)..., d) el desarrollo de las consonantes palatales
y sibilantes a partir de grupos consonánticos latinos con yod: calzata
(CALCEATA), acadon (<SCY, derivado de ASCIATA), Faza (<SCY, <FASCIA),
poço (<PUTEO), Spelio/Spegio (<SPECULUM), vinga/vineis (<VINEA)...,
e) la destrucción del sistema de casos latinos, que es sustituido por
el uso de las preposiciones y por el acusativo como caso general, f) el proceso
de formación del plural romance: sos sobrinos..., g) el desarrollo
del artículo sobre el demostrativo latino ILLE: Illa Torka, h) algunas
formas verbales: fiço, dono 'donó', es, pertenez, ba, son...,
o i) el orden de palabras, con una organización decididamente romance:
el verbo en posición interior, precedido del sujeto y seguido de sus
complementos, introducidos por preposiciones, frente al orden latino que tenía
tendencia a colocar el verbo al final.
No obstante surgen algunos elementos castellanos, pero
que responden a arcaísmos o dialectalismos de esta área, que
no se han mantenido en el castellano más innovador de la zona central
de Burgos. Así formas como pumares, subrina, Salines, culiares, llectos,
enna, conna... Sin embargo, ciertos elementos como la no diptongación
ante yod, la relativa inexistencia de variantes para los diptongos ie y ue
(especialmente en el caso del primero), la reducción de ie ante palatal
(novillo y no noviello), la no conservación de diptongos decrecientes
(carrera y no carreira), la pérdida de F- (Heliz y no Felix), el resultado
prepalatal de LY (grafías <gi>, <g>, <i>; paregios
'pares, parejos' <*PARICULUM y no parellos), el resultado africado de SCY
en c (grafía <z>, <ç>, açadon y no axadon)
o la palatalización de KT en ch (grafías <g>, <gi>,
<x>, Fontetegia -Fontecha- y no teita de TECTA), nos permiten asegurar
que los elementos romances que contienen estos documentos, reflejo del romance
hablado en estos lugares, hoy a caballo entre las jurisdicciones de Álava
y Burgos, no era sino el castellano primitivo.
Como conclusión, y a pesar de todos los inconvenientes
que este tipo de documentación conlleva (arcaísmo lingüístico,
latinización, manipulaciones debidas a copias sucesivas...), podemos
afirmar que los testimonios romances que ofrecen los cartularios valpostanos
son los primeros del romance castellano primigenio. Los datos de los documentos
más antiguos (siglos IX y X) son incluso anteriores a los que nos ofrecen
las Glosas Emilianenses, aunque a decir verdad las Glosas ofrecen una variante
romance más oriental que el propio castellano: riojano, navarro o quizá
aragonés, según diferentes estudios, y que además su
autor o autores tuvieron una voluntad clara de escribir en romance, mientras
que los escribanos que redactaban documentos como los de Valpuesta pretendían
dar un barniz latino a sus documentos y sólo casualmente iban desgranando
de forma instintiva elementos romances, como resultado de la confusión
que existía a la hora de escribir, al tener que adaptar el sistema
gráfico y la gramática latinos a los nuevos sonidos romances.
Hoy
se hallan en el Archivo Histórico Nacional. En 1900, fueron publicados
por Barrau-Dihigo los más antiguos (804-fines XI), "Chartes de
l'Eglise de Valpuesta du IXe au XIe siècles", Revue Hispanique,
VII (1900), pp. 274-390, transcripción revisada en 1970 por M.D. Pérez
Soler, Cartulario de Valpuesta, Valencia, 1970. Los documentos comprendidos
entre 1090 y 1140-1200 han sido transcritos y publicados por D. Saturnino
Ruiz de Loízaga, la persona que mejor conoce la historia y la documentación
de Valpuesta y de su entorno, Los Cartularios Gótico y Galicano de
Santa María de Valpuesta (1090-1140), Diputación Foral de Alava,
Vitoria, 1995.
(2) Latín tardío y romance temprano en España y la Francia
carolingia, trad. Rosa Lalor, Gredos, Madrid, 1989. Wright considera que los
textos de esta época sólo son latinos en apariencia: en realidad
pretenden trasmitir las lenguas romances, pero los escribanos sólo
cuentan con una grafía y una gramática latinas, que son las
que aplican a los documentos que redactan; sólo a partir de la reforma
carolingia y de la difusión del latín eclesiástico o
medieval se hace una diferencia entre las normas gráficas y morfológicas
del latín y las de las lenguas romances, momento en que nos encontramos
documentos redactados íntegramente en las lenguas vernáculas.